El sabor amargo del dulce en la alimentación infantil

jun 11 2011

Lic. Adriana Patricia Osorno Nutricionista Hospital Universitario San Vicente de Paúl

Dulce en la alimentación infantil

Existen opiniones encontradas con relación al uso de azúcar (sacarosa) en la alimentación normal del niño y la niña. Vale la pena revisar algunos datos importantes.

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar brinda orientación sobre el consumo de alimentos a través de las guías alimentarias para la población colombiana, con el fin de promover un completo bienestar nutricional. Estas guías son dinámicas, temporales, flexibles y adaptables a las necesidades de personas sanas, a las políticas y programas de prevención y protección. Son además, una herramienta educativa y una forma práctica de mantener una alimentación saludable. Las guías alimentarias para mayores de 2 años exponen los 7 grupos de alimentos que componen una dieta balanceada:

  1. Cereales, raíces, tubérculos y plátanos
  2. Hortalizas, verduras y leguminosas verdes
  3. Frutas
  4. Carnes, huevos, leguminosas secas y mezclas vegetales
  5. Lácteos
  6. Grasas

Azúcares y dulces

Fuente: Familiar, I. C. (1999). Guías alimentarias para la población colombiana mayor de dos años. Bogotá.

El azúcar hace parte de los carbohidratos; sustancias nutritivas que se utilizan como fuente de energía, razón por la cual, su eliminación de la dieta puede conducir a una deficiente ingesta calórica y como consecuencia a falla en el crecimiento y en la ganancia de peso. En la dieta del niño el aporte normal de carbohidratos corresponde al 50-55% del total de calorías, de las cuales el 10% puede ser suministrado en forma de azúcares y dulces, lo que en promedio equivaldría a un postre y dos cucharadas de azúcar en el día. (Clara Rojas Montenegro, 1999)

La inapetencia es una de las principales situaciones observadas durante la niñez. Sin embargo, entre muchas causas, una de las estrategias más utilizadas para combatirla es el método del soborno; el cual, en ocasiones se reduce a que los padres ofrezcan dulces, helados y otras prebendas con el compromiso que coman bien. Sin embargo, con esto no sólo se logra perturbar los hábitos alimentarios del niño, sino que también, se ignora la causa de tal comportamiento. Además, es importante tener en cuenta que los alimentos dulces interfieren con el apetito del niño, lo cual, puede convertirse en un serio problema si se tienen en cuenta las comidas principales y el consumo de alimentos nutritivos. El consumo de “calorías vacías”, como suele llamarse a aquellos alimentos dulces que no aportan vitaminas y minerales, como las gaseosas, puede reemplazarse por bebidas naturales como jugos de fruta.

Existe evidencia creciente en el sentido que, la prevención de las enfermedades crónicas del adulto se debe iniciar desde la niñez, mediante la promoción en el hogar de hábitos y estilos de vida saludables. En este sentido, la intervención dietaria adquiere importancia fundamental si se realiza en forma temprana antes de que los hábitos alimentarios inadecuados arraiguen profundamente con detrimento de la calidad y la duración de la vida del adulto.  (Sepúlveda, 2003)

Conforme los niños y las niñas crecen, adquieren conocimientos y asimilan conceptos por etapas. Estos primeros años son ideales para proporcionar información nutricional y promover las actitudes positivas respecto a todos los alimentos. Este aprendizaje puede ser formal y natural y tener lugar en el hogar, donde los padres funcionarán como modelos de comportamiento y con la provisión de una dieta que represente una amplia variedad de alimentos.  (Lucas, 2001)

Es bien sabido que el ser humano tiene predilección por el sabor dulce desde el momento del nacimiento y es el consumo excesivo de cantidades de azúcar y alimentos dulces el que puede favorecer una excesiva ganancia de peso y el subsecuente desarrollo de obesidad.  Es por ello que tanto el uso excesivo de azúcar, como su defecto, pueden tener influencia sobre los hábitos alimentarios y la nutrición del menor, por lo que el consumo moderado es la clave. No es necesario ni conveniente sustituir de manera rutinaria el azúcar por edulcorantes. Además, el sabor dulce, puede influir aumentando la aceptación de los alimentos por parte del menor.  (Clara Rojas Montenegro, 1999)

Algunos estudios hablan sobre las experiencias tempranas con los sabores y las preferencias alimentarias durante la infancia, la niñez y la adolescencia. Este aprendizaje a temprana edad se ve limitado por las predisposiciones genéticas de los niños y niñas, las cuales incluyen preferencias innatas por los sabores dulces y salados y el rechazo por los sabores ácidos y amargos. Los menores también están predispuestos a preferir alimentos con alto aporte de energía, a rechazar alimentos nuevos y a aprender la relación entre los sabores de los alimentos y las sensaciones gástricas después de ingerirlos. Estas predisposiciones genéticas parecen haber evolucionado durante miles de años; cuando los alimentos, especialmente los de alta densidad de energía, eran relativamente escasos.  Preocupa entonces, que las preferencias alimentarias puedan predisponer el crecimiento de los niños y niñas y la orientación hacia una dieta poco balanceada, en la medida en que el entorno actual ha cambiado de manera importante en los últimos años y ahora se caracteriza por la disponibilidad inmediata de alimentos económicos, con alto aporte de calorías, azúcar, grasa y sal. (European Society for Pediatric Gastroenterology, 2008)

Sin embargo, las predisposiciones genéticas podrían modificarse a través de la experiencia y en este sentido, los padres juegan un rol muy importante.  Beauchamp y Moran examinaron en 200 menores aproximadamente, la preferencia por las bebidas dulces versus el agua. Al nacimiento, todos los niños y niñas prefirieron las bebidas dulces, pero alrededor de los 6 meses de edad, la preferencia por el agua endulzada estaba vinculada a la experiencia dietaria de los infantes. Los menores que fueron alimentados por sus madres de manera constante con agua endulzada con azúcar, mostraron una significativa preferencia por el dulce. Por lo anterior entonces, es importante tener en cuenta que los padres juegan un papel crítico en el desarrollo de las preferencias alimentarias durante la infancia. (European Society for Pediatric Gastroenterology, 2008)

Ofrecer alimentos complementarios sin adición de azúcar y sal, es recomendable no sólo para la salud a corto plazo, sino también, para establecer un umbral muy bajo en cuanto a la preferencia por los sabores dulces y salados en el futuro.

Por otro lado, es bien sabida la relación entre el consumo de dulces y la salud dental, teniendo en cuenta la necesidad de asegurar un aporte óptimo de nutrientes para la formación de dientes y encías sanas. La composición de la dieta y los hábitos alimentarios de un individuo son factores determinantes en el desarrollo de caries dental.  El consumo de dulces es el principal factor de riesgo para la formación de caries. Si a ello sumamos que los menores consumen líquidos endulzados a la hora de acostarse, el riesgo de afectar la salud bucal aumenta. Es por ello que la educación nutricional y los consejos dirigidos a reducir la caries en los niños y niñas, se convierten en una enseñanza a los padres para que también resalten la importancia de reducir la exposición frecuente a los azúcares y dulces, desestimulen el hábito en los menores de dormir con el biberón, limiten los alimentos cariogénicos a las comidas principales y establezcan buenos hábitos de higiene dental.

Los perfiles nutricionales de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), muestran que los estilos de vida de la población han cambiado, el consumo de dulces ha aumentado en asocio con el sedentarismo y la obesidad, especialmente en las mujeres; por lo cual, se requiere controlar el exceso en su consumo.  (Familiar, 1999)

Las cifras de sobrepeso y obesidad infantil crecen cada día de manera alarmante. La OMS calcula que en 2015 habrá aproximadamente 2300 millones de adultos con sobrepeso y más de 700 millones con obesidad. El desequilibrio entre el ingreso y el gasto de energía es una de las principales causas de obesidad en todo el mundo, sumado a la falta de actividad física. La modificación mundial de la dieta ha llevado a un aumento en el consumo de alimentos altos en calorías, grasas y azúcares, pero bajos en vitaminas, minerales y otros nutrientes. Es por ello que la OMS recomienda entre sus estrategias lograr un equilibrio energético y un peso normal, reducir el consumo de alimentos con alto aporte de energía y aumentar las frutas y verduras en la dieta diaria. (OMS)

El consumo de dulces hace parte de una dieta balanceada, al aportar energía y nutrientes importantes para el crecimiento y el desarrollo de niños y niñas; sin embargo, es importante tener en cuenta los riesgos de su consumo en exceso y preferir hacerlo con moderación.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Familiar, I. C. (1999). Guías alimentarias para la población colombiana mayor de dos años. Bogotá.
  2. Clara Rojas Montenegro, R. G. (1999). En R. G. Clara Rojas Montenegro, Nutrición clínica y gastroenterología pediátrica. (pág. 112). Bogotá.
  3. Sepúlveda, A. A. (2003). En Temas sobre alimentación del niño (pág. 172). Medellín: Universidad de Antioquia.
  4. Lucas, B. (2001). Nutrición en la infancia. En S. E.-S. L. Kathleen Mahan, Nutrición y Dietoterapia de Krause(págs. 260 – 279). E.U.: Mc Graw-Hill Companies.
  5. OMS. (s.f.). www.who.int/es

 

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