Editorial: Mensaje y tiempo
dic 07

El tiempo es promesero y es esperanzador; pero a veces como que se deja mirar con miedo y si todo sale bien, otras veces se deja mirar con deseo. Pero de todas maneras el tiempo es riguroso y seco. El pasado es lo que fue. Ni más ni menos, su rigor llega hasta allí. Digamos que en ese sentido también el tiempo es brutal y terco, y a la vez es franco y categórico; pero siempre en función del mensaje. Y cuando estamos llenos de expectativas, somos más atentos y más receptivos y todo lo que sucede va quedando gravado en el alma. Por ello, lo que digamos con la palabra o con los gestos, con las actitudes o las maneras, es captado y elaborado, para bien o para mal, por nuestro interlocutor, a su manera, siempre a su manera y desde su perspectiva. Por esta razón hay que ser muy cuidadoso de nuestro comportamiento y para que lo que hagamos sea de buen recibo, debemos crear el ambiente y las condiciones adornándolo todo con una generosa actitud.
El enfermo lo agradecerá.








